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Apuntes comentados por KokiFilth:

La narrativa española dio un cambio radical tras la Guerra Civil (1936-1939), especialmente por las repercusiones sociales y culturales causadas por el enfrentamiento bélico entre “las dos españas”. La clásica tradición literaria que venía siendo hasta el 36 fue violentamente interrumpida con el conflicto, causando la muerte de grandes escritores españoles y el exilio de muchos otros. España ya estaba dibujando el boceto de lo que sería la nueva época literaria que precedía al año 1939.

En la novela, la posguerra causó una grandísima influencia. Corrían los años 40 y la situación en España no era exactamente la más propicia para la creación literaria y su desarrollo. Aparece la implacable censura, que evitaba cualquier clase de “creación libre” de la que pudiera gozar cualquier escritor español. La muerte de grandes (algunos pertenecientes a la Generación del 27) como Valle-Inclán, Antonio Machado y Federico García Lorca causan un vacío cultural inmenso; si a esto le sumamos el exilio de otros “pesos pesados” de la literatura de entonces como Pedro Salinas nos quedaremos con una pobreca y ausencia intelectual considerable. El miedo por la incertidumbre causada por la llegada del nuevo régimen de la “zona nacional” y el completo aislamiento de España ante las corrientes Occidentales ayudaban a que el país, con ya bastantes problemas (hambre, paro, muertos de guerra…), fuera aún más decadente de lo que entonces lo era.

Es en este decenio donde surgen figuras muy importantes como Carmen Laforet (Nada) y el derechista y censor Camilo José Cela (La colmena, La familia de Pascual Duarte).

En 1950 el panorama cambia considerablemente, principalmente por una “leve” apertura al exterior del país, provocando la aparición del realismo social (realismo crítico). Este tipo de novela, comprometida con la sociedad, intentaba arrojar un poco de objetividad a la situación acontecida. Se trata de una novela de sobresaliente sencillez estructural que posee mucho objetivismo y le da mucha importancia al diálogo. El protagonista individual da paso al colectivo, muy visible en la vida y obra de Blas de Otero, el cual sufrió una transformación hacia la colectividad después de no haber encontrado en Dios la respuesta a sus problemas, refugiándose en las masas (seguramente influenciado por sus fuertes amistades en el País Vasco). El principal objetivo de este tipo de literatura es representar la sociedad española de la época. Aquí podemos encasillar a Cela con su novela “La colmena“, que trata de plasmar la sociedad de forma “caleidoscópica”, o mas bien usando la novedosa técnica narrativa del “contrapunto”, hecha suya seguramente de grandes como Joyce. Cabe destacar también la relación del contrapunto y el monólogo interior (técnicas propias de la renovación narrativa de mitad de siglo) presentes en “La familia de Pascual Duarte“.

Pero ahora hablemos de otro género literario: hablemos de la poesía. En los años cuarenta, recién salidos de la guerra, como no, ésta tenía que influir en la lírica. Nos encontramos con dos corrientes muy diferenciadas entre sí, la poesía arraigada o clasicista y la poesía desarraigada. La arraigada se caracteriza por ser la propia del bando nacional, de los franquistas, de los vencedores de la guerra. Caracterizada por la inspiración en los ya antiguos estándares clásicos del siglo de oro, ofrecía mucha perfección y importancia en cuanto a la belleza. Usaba metros clásicos: nada de innovación. Recoge su inspiración en temas clásicos (el amor, la naturaleza…) y está muy preocupada por los aspectos formales. Uno de sus autores más importantes es Luis Rosales.

Por otro lado, nos encontramos la poesía desarraigada, la llamda “poesía de combate”. De una forma completamente alejada de la clasicista y una muy presente filosofía existencialista (el hombre, individualmente, es el que le da sentido a su vida). Apenas está preocupada por los aspectos formales, adquiriendo nuevas formas métricas (o menos clásicas). Es la poesía de los “rojos”, los vencidos. Expresaban un gran descontento con el régimen y la sociedad. Podemos destacar a Dámaso Alonso.

En los años cincuenta, definitivamente nos encontramos con una poesía social por excelencia. Nos intenta ofrecer un juicio crítico de la realidad, un deseo de cambio, un llamamiento a las masas. Los sentimientos no tienen cabida en este fenómeno: el autor no quiere hablar de él, quiere hablar de nosotros. Aquí entra Blas de Otero con su particular obsesión por la mejora de España, por el amotinamiento y crítica profunda de lo establecido, por la lucha. Es una poesía útil, muy violenta y directa: “arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho”, como diría Gabriel Celaya, uno de los autores más fielmente representativos de la época.

Esquema de la narrativa (click para ampliar):

nar39501

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